Teresita Luna, es una de las pocas incondicionales de Boudou

Julio De Vido le dio ayer el mayor espaldarazo : “Tengo el mejor de los conceptos de Amado Boudou”. Gabriel Mariotto tampoco se quedó atrás y aportó que la “irreverencia” del vicepresidente por haber estatizado los fondos de las AFJP le valió “un cuestionamiento de parte del poder”. Su amigo Luis D’Elía, convertido en su máximo defensor, aportó lo suyo. “Su gran pecado fue haber expropiado a los banqueros chorros” los fondos de las jubilaciones.

El resto del gabinete, y sobre todo Cristina Kirchner, mantuvo silencio ante el envío de la causa por los papeles truchos de su auto a juicio oral, lo que convierte al vicepresidente en el primer funcionario en ejercicio en tener que enfrentar esa situación.

En el Gobierno reconocen ahora que el panorama es por demás delicado. La defensa a ultranza que durante los últimos años ensayaron los ministros quedó en el pasado y puertas adentro se alarman ante el impacto que las investigaciones contra el vicepresidente puedan provocar en la campaña electoral.

Cristina profundizó el último mes el aislamiento político de Boudou. En sus tres semanas de reposo por el cuadro de diverticulitis que la tuvo internada durante una semana en el sanatorio Otamendi eligió al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, como su reemplazo oficial, y dejó al vice cada vez más debilitado políticamente.

Boudou recibió ayer la noticia en Lima, Perú, adonde había viajado para participar de la cumbre climática. Partió hacia la Argentina a las 15, previa escala, con lo que en su equipo esperaban alguna señal sobre el futuro cercano cuando llegara a Buenos Aires. Por el momento, y pese a la fuerte presión de la oposición en el Congreso, él mantiene firme su decisión de no pedir licencia ni renunciar, pero confía a los suyos que hará lo que Cristina le pida.

“El problema es que no hay ninguna señal de la Presidenta”, agregan a su lado. La relación de ambos pasó a ser completamente protocolar y sus contactos con la Casa Rosada son Capitanich y el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, que lo llaman cuando tienen alguna indicación puntual para darle.

Como el resto del gabinete, es probable que mañana reaparezca en el acto en la Plaza de Mayo que hará el kirchnerismo para festejar los 11 años de mandato. Por esa celebración, que incluirá un discurso de la Presidenta y que el Gobierno espera sea multitudinaria, pasaba ayer la mayor prioridad en Balcarce 50.

La mira en Ciccone

Más allá del impacto de enfrentar un juicio oral, que en el Gobierno esperan que recién comience entrado el año que viene, la causa que más preocupa no es la de los papeles truchos de su auto, sino Ciccone (de la que podría haber novedades pronto de la Cámara Federal) y su derivación, la investigación por presunto enriquecimiento ilícito que también lleva adelante el juez Ariel Lijo.

A pesar de que lo fue aislando, en la Casa Rosada creen que la Presidenta no le soltará la mano a Boudou. “Ya pagamos el costo político”, reflexionó un funcionario, que vaticina que en medio de la pelea del Gobierno con la Justicia obligarlo ahora a dar un paso al costado tendría un efecto contrario para la Presidenta, investigada por el juez Claudio Bonadio, el mismo que ayer cerró el caso del auto y rápidamente lo elevó para el inicio del juicio.

La prioridad del Gobierno es correr al vice del centro de la escena pública para evitar que su caso impacte en la campaña. Completamente fuera del poder real, Boudou siente que lo dejaron solo a pesar de los tímidos apoyos que recibió ayer.

En el Senado, el lugar donde se refugió, sólo lo visitan algunos incondicionales del kirchnerismo, como Pablo González, Ruperto Godoy, Teresita Luna o Liliana Fellner, según el diario La Nación.

La ya anticipada campaña electoral modificó los planes, obligando a la jefa del Estado a apartarse cada día que pasa más de su vice. Puertas adentro, en la Casa Rosada los funcionarios más cercanos a Cristina, como De Vido, lo siguen defendiendo.

Quienes ven a diario al vice sostienen que recién en los últimos meses tomó conciencia plena de la delicada situación por la que pasa y que eso impactó en su ánimo. Sus teléfonos dejaron de sonar y ya nadie lo invita a los actos políticos.

Desde su separación de la periodista Agustina Kämpfer, relación que mantuvo durante cinco años, sus allegados cuentan que ni siquiera sale a comer afuera, rutina habitual que cumplía todas las noches cuando se convirtió en el elegido de Cristina en aquel lejano 2011.

Publicado por

German La Rioja

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