La carta del #5J: Guerra, el señor de los silencios

FOTO RICARDO GUERRA AL TE DE TRAJE EN RESIDENCIALuis Beder Herrera pesca truchas con sus amigos. Se ríe de las anécdotas de la vida hasta que tira un bocadillo político: “¿Y Guerrita?”. Lo miran y queda un silencio entre las montañas.

Nadie pregunta solo se escucha el movimiento del agua y la brisa que acompaña el fin de semana largo. Se escucha de fondo Cadena 3, ya que la radio tiene su propia emisora en donde pesca el gobernador.

“Guerrita podría ir con Sergio” tira otra frase el jefe de la expedición de pesca. Nadie quiere aportar nada, es solo silencio. “Tenemos tiempo”, agrega.

Sigue la pesca, alguien sirve gaseosa light y el fin de semana continúa con amigos.

“Guerrita” es Ricardo Guerra, el actual de ministro de Hacienda, el funcionario con perfil bajo, aunque es el hombre de más peso dentro del gobierno. Habla lo justo y necesario, y maneja en las dos últimas décadas los números que solo conoce el gobernador.

Le prepara un informe financiero a Beder Herrera, quien lo lee y luego el propio ministro lo destruye para que no quede evidencia.

El gobernador llega a la provincia con la alternativa que el actual titular de Hacienda sea quien secunde al vicegobernador Sergio Casas. De esa forma, suma a la lista de los ministros Néstor Bosetti y Javier Tineo, y hasta del ex presidente Carlos Menem.

Guerra solo habla con Beder Herrera y cumple órdenes. La forma de actuar la conocen funcionarios, intendentes, diputados y empresarios. Si el gobernador no autoriza, no sale ningún expediente.

El gobernador le dice a los íntimos que es su hombre de confianza en el manejo de los fondos, que le ha dado previsibilidad al gobierno con el pago religioso de los salarios.

Casas y Guerra coindicen en algo: lealtad dentro del gobierno y el gobernador paga con réditos políticos, al defenderlo antes sus socios que no digieren ese tipo de premiación.

Ahora viene la etapa de definiciones para saber cómo se armará la fórmula a gobernador y vice.

Menem espera en su casa, Bosetti desespera, Tineo sabe que podría presentarse a diputado, y Beder Herrera toma la decisión política: si el señor de los silencios puede ser vicegobernador.